SATISFACCIÓN

happy-driver-sketch1El mundo se divide en dos: en los coches que nos gustan, y en los que no. Pero incluso los que nos gustan no siempre nos gustan de la misma manera. Con lo que cuestan mantenerlos, más nos vale que nos satisfagan de verdad.

Ahora mismo soy el orgulloso propietario de dos coches, uno en la cochera, resguardado del relente y el sol, y el otro en la fría calle: un Volvo 850 R y un BMW 328i E36 Touring. El Volvo se lo compré a un buen amigo hace casi cuatro años; el 328i, a un completo desconocido al que ni siquiera vi en persona, hace unos nueve meses. Tienen en común algunas cosas: su antigüedad (20 años más o menos), tienen motores potentorros, y que eran bastante caros cuando nuevos. Aparte de eso, son polos opuestos, en carrocería, tipo de motor, tracción, transmisión, y sobre todo en una característica: la satisfacción que me proporcionan.

Yo pienso que un coche te puede dar dos tipos de satisfacciones (las que obtengas con los asientos reclinados no cuentan en este caso). Una es la satisfacción de, simplemente, poseer ese coche. Lo lavas, recreándote en las formas de la carrocería cuando la frotas con la esponja o manopla de lana de oveja merino australiana (sin cachondeos, por favor). Lo secas y te quedas admirándolo un rato, pensando “qué bonito es mi coche”. Los vecinos te ven y piensan “qué lástima de chavá, está echao a perder”. Te pones a hacerle fotos con el móvil. Decides sacarlo a dar una vuelta, te metes por el centro de la ciudad, circulando despacito, reparando en que de vez en cuando alguien se fija en tu coche. Eso te llena de orgullo, “vaya, sabe qué coche es. Otro que entiende”. Techo solar abierto, radio encendida escuchando algún CD, creyéndote ser muy cool. Estás parado en una retención de tráfico y eso casi te gusta y todo. Tiras por esa avenida en la que sabes que hay un escaparate grande cuyo cristal es como un espejo, y miras el reflejo del coche. Más tarde llegas a casa, lo guardas en la cochera, y observas el reflejo de la luz en su bonita pintura protegida con un “coating”. Qué bonito es el puñetero.

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Ay, mi Volvito, qué mono es, y qué fotogénico. Mucho más que su dueño

La otra satisfacción que te puede proporcionar un coche es la de conducirlo. Ahí está, aparcado en la puñetera calle, no hay cochera para él. No es el más bonito que has tenido, ni tampoco está muy limpio (al menos por fuera; por dentro siempre procuro que mis coches estén perfectos). Lo lavé hace dos semanas y como en la calle coge mucho polvo y le cae el relente nocturno, me da pereza lavarlo para que se ensucie en pocas horas. Total, el color gris plata tiene una indiferencia absoluta a estar limpio o sucio. De chapa está regular, el pobre: sus 20 años de edad son muy creíbles. Parece un coche viejo más de los que hay por ahí, y de vez en cuando me humillan poniéndome en el parabrisas publicidad de esa que pone “¡No tire su coche! Compramos coches para desguace” Pero lo miras, y te empieza a picar el bolsillo. Es la llave de contacto. Realmente no la llevas en el bolsillo, es como el síndrome ese en el que la gente le vibra un móvil imaginario. La cuestión es que el coche te está invitando a dar una vuelta, y esta vez no es para lucirlo por ahí; es para sacarlo a la carretera, pisarle a fondo y apurar las marchas.

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Y el Touring. Esto es lo que yo andaba buscando…

Ahora queda el dilema de qué tipo de satisfacción es mejor. Una se disfruta más fácilmente, es casi instantánea, solo hace falta mirar, te hace gastar poca gasolina, y en principio es bueno para la autoestima que la gente se quede mirando tu coche. La otra es menos gratificante a corto plazo y cuesta más trabajo disfrutar…pero es mucho más duradera, y es solo para ti. No obtienes la aprobación de los demás, ni falta que te hace, porque obtienes la tuya.

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…y está es la cruda realidad. Qué puta es la vida

Bueno, pues viendo las fotos de los dos coches, ya sabéis cuál da qué tipo de satisfacción. Por supuesto las cosas no podían ser tan fáciles. El Volvo va de maravilla, el motor es canela en rama, y es realmente agradable de “llevar”. El BMW tiene un pequeño problema con la bebida (aceite concretamente, estoy considerando hacerme accionista de Motul y Mobil) y más pronto que tarde tendré que solucionar ese asuntillo, ya sea a base de cambiar retenes y guías de válvulas, segmentos o lo que sea. Promete ser un pozo negro que se tragará el dinero. Pero es muy divertido de conducir; parece que todas esas cosas que decía la gente sobre los bemetas, y aquel eslógan que tenía la marca en EE.UU, “The Ultimate Driving Machine”, no eran una patraña después de todo. Añadamos que el coche me da lástima, es como un perrito que necesita amor y cariño (lamentable, ¿eh? tratar un coche como a un ser vivo). Todo hace que elegir entre el 850 R y el 328i sea complicado, porque además, a medio plazo, uno de ellos tendrá que salir fuera y buscar un nuevo hogar. Tener dos coches es tener siempre doble gasto y no siempre doble diversión.

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Pero ¿como voy a venderlo? ¿No habéis visto lo bonito que es?

Puede parecer que elegir entre un coche que te dé un tipo de satisfacción u otro es, para nosotros los aficionados, algo meridianamente claro. Un coche se mueve, ¿no? Y lo más importante es cómo se mueve. Si se mueve bien y te divierte, te involucra cuando lo conduces, te pone al mando, ese coche es “de los buenos”. Pero no es tan sencillo. Hay muchas veces en las que te gusta mucho un coche, te enchochas con el, incluso para comprarlo, y sin embargo sabes que ese coche es de los que te van a decepcionar, eres consciente que es de los de “mírame pero no me conduzcas”. No se “mueve bien”. Y aún así estás dispuesto a comprarlo. Ya me ha pasado antes, y no me extrañaría que en un futuro me pase otra vez.

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Me subo aquí y no me dan ganas de bajarme (evidentemente éste no es el mío)

Pero tengo que centrarme. Como he dicho antes, un coche se mueve. El cómo es fundamental. Puede ser precioso, tener un interior tapizado por los hermanos Connolly, e incluso andar como un tiro gastando menos que mi padre en revisiones de su coche. Pero si el chasis es, no malo, ni mediocre, sino simplemente no “muy bueno”, si el coche no demuestra carácter, si cuando lo conduces no se pone de tu lado sino que se enfrenta a ti y te dice “¿cómo? ¿que quieres coger esa curva? ufff, no sé si voy a poder…”, si no hace que te sientas que lo controlas, si no logras que “hombre y máquina” seáis uno…ese coche te va a decepcionar. Compra un coche cuyos aspectos dinámicos estén resueltos de la mejor forma posible, que “se mueva bien”, eso que los ingleses llaman “a driver´s car”, y no te aburrirás. A lo mejor no lleva cuero, ni ordenador de a bordo, y el motor se queda algo falto de potencia. Pero no te harán falta porque todo el equipamiento que realmente necesitas va escondido bajo el capó.

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Al menos va mejorando por fuera

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2 pensamientos en “SATISFACCIÓN

  1. Daniel

    El Volvo lo tiene espectacular. El beme va mejorando notablemente.
    Comparto la visión de los dos tipos de disfrute porque ante la incomprensión de mi familia disfruto de ambos.
    Tras el último paso por el taller del 320i me “petrolearon” sin preguntar el motor. Las juntas de balancines y carter estaban fatal y había manchas de aceite por varios sitios. Durante la operación de cambio de ambas juntas seguro que me mancharon todavía más el asunto.
    Pues bien, una tarde, tras lavar el coche con manguerita, jabón y microfibra me encontraba en casa de mis padres contemplando el hueco del motor, con la satisfacción que da verlo casi como sacado de fábrica después del petroleado. Le digo a mi padre que se asome y su respuesta es: “muy bien, esta perfecto para que lo pongas a la venta”. WTF padre, pensé yo. No hemos entendido nada, si la vida me lo permite no me desharé de él nunca.
    Otro problema es el apego a todos los coches que tengo (lo que dificulta su venta cuando toca). Por motivos prácticos adquirí el pasado mes de febrero un Volvo V50 con el motor Ford 1.8i 125 cv de la serie Duratec. Olvídate de de prestaciones de ningun tipo más allá de ir “with the flow” sin mayor inconveniente. Los 2.4 y T5 de 5 cilindros eran antieconómicos para mi por consumos y mantenimiento (llevan correa en vez de cadena). Es mi coche de diario para ir al trabajo y quehaceres cotidianos.
    El coche está en un estado magnífico, he tenido suerte y además viene bien equipado (sin techo, una pena). Sólo tiene 95.000 km (comprobados) y es de 2005.
    Pues bien, el coche a pesar de no tener potencia suficiente para sacarte una sonrisa tiene otras virtudes. La primera y más notable es una que parece olvidada en muchos coches medios de hoy, donde lo que te intentan vender es tecnología a traés de pantallitas táctiles o conectividad con facebook desde el coche.
    Este Volvito tiene una calidad de rodadura y comodidad de suspensión poco común en el segmento de los compactos (tiene la plataforma de un Focus II). Ello unido a unos magníficos asientos hace que me sienta en un coche de mayor categoría.
    Pero ahí no acaba la cosa, puedes meterte por un tramo con curvas tortuosas y sorprenderte a ti mismo disfrutando en cada una de ellas. El coche es cómdo de suspensión pero firme y de buena respuesta en curva. Y eso con unas mundanas llantas de 15″ y neumáticos 195.
    Ello unido a una estética contundente y con personalidad hace que a menudo desplace al BMW como primera opción lúdica.

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    1. b234r Autor de la entrada

      Hoy precisamente he hecho un viajecillo de 300 kilómetros en el Volvo, es un coche fantástico para “desplazarse” por autovía, asientos comodísimos, muy buena climatización, silencio de marcha…pero es eso, para desplazarse, no para conducir. Yo no necesito un coche para ir a trabajar (el autobús me va bien, el coche regular), así que tengo la suerte de poder permitirme tener un coche para “conducir”, de gasolina, y con motor “gordo”. Hoy echaba de menos el BMW.

      No he conducido un S/V40 de 2ª generación, pero Focus II sí, cuando salió allá por 2005. Versión de equipamiento “pelao” (era de alquiler), me pareció que tenía un chasis buenísimo. También recuerdo que hice un viaje con dos amigos en él y criticaban al coche porque “no tenía ná por dentro, ni pantalla, ni climatizador, ni cosas electrónicas”. Así nos va.

      Un saludo Daniel.

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